sábado, 12 de abril de 2014

Ley Orgánica de financiación de yogures caducados



El viernes de la semana pasada comí un yogur caducado. El muy cabrón estaba escondido al fondo de la balda del frigorífico, detrás de unas natillas. Lo cogí sin mirar. No me fijé en la fecha que normalmente está impresa en la tapa. Piña, mi sabor favorito, dije. Qué bien. Tiré la tapa a la basura, pero antes la chupé, como de costumbre, y le quité al yogur esa agüita que siempre tiene encima antes de hincarle la cucharilla. Fui al salón para terminármelo delante de la televisión. Qué bien, mañana sábado, no hay que madrugar. Estuve viendo un documental sobre la financiación de los partidos políticos. Me estaba gustando. Parecía un documental plural, hablaban personas de todas las siglas. Mucha gente era entrevistada y opinaba al respecto. En un momento del programa, muy de pasada, uno de los entrevistados dijo una frase que nadie más repitió en el resto del documental: Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios. Me tumbé en el sofá y no pude evitar quedarme dormido. Los entrevistados seguían hablando en el televisor. Sus frases se iban colando por una rendija dentro de mi mente de una manera desordenada y empezaron a formar un collage con los trozos  documental que había visto antes de quedarme dormido. Que si la ley de financiación por aquí, que si la ley de financiación por allá. Cosas sin sentido, vaya, como suele pasar en los sueños. A las cuatro de la mañana tuve que ir al baño. No lo podía soportar. Mi estómago y mis tripas eran como una lavadora de la antigua Unión Soviética en pleno centrifugado, mi cuerpo parecía descomponerse, estaba destartalándome a base de convulsiones intestinales. Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios, me decía una voz en las sienes. Los partidos politicos contratan préstamos hipotecarios. Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios. Aquella maldita voz seguía machacándome el cerebro con la misma frase. Mi cuerpo era todo él un retortijón, pero conseguí llegar al baño in extremis. Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios. Estaba delirando. Me toqué la frente. Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios. Tenía fiebre. Fue eterno. Duró horas. Mi aparato digestivo se había convertido en el Viet Cong. Pasé una noche fatal: de la cama al baño y del baño a la cama, de la cama al baño y del baño a la cama. Los partidos políticos contratan préstamos hipotecarios, repetía la maldita voz. Cuando ya estaba amaneciendo fui por última vez al baño. No sé cómo pero, finalmente, terminé de expulsar todo aquello que me hacía tanto daño. Hubo un momento en el que sentí un alivio tremendo. Levanté la vista. Se estaba haciendo de día y por la ventana del baño empezaba a colarse la claridad. Ya no oía la voz. Estaba vacío por dentro, pero me encontraba mejor. Ya no oía a nadie decirme que los partidos políticos contrataban préstamos hipotecarios. Antes de volver a la cama, de manera inesperada, mi cerebro segregó espontáneamente una idea: esos préstamos hipotecarios deben de tener un interés altísimo, pero seguro que los partidos políticos no pagan esos intereses. No había duda: todavía deliraba por los efectos del yogur. Mi mujer me llamó desde la habitación: ¿Antonio? ¿Ya estás bien? Vuelve a la cama, anda. Contesté a mi mujer mecánicamente, sin pensar: Cariño, ¿los partidos políticos pueden ser desahuciados? Debió de ser el delirio lo que me hizo decir aquello. Mi mujer ni siquiera me contestó y yo no dije nada más. El puñetero yogur caducado. Entonces, con un alivio tremendo, me metí en la cama y dormí hasta mediodía, como un bebé.

Antonio Ferrer

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